"En cierto momento de mis tentativas, puramente ideológicas, de justificar ante mi mismo el lenguaje machista que usaba, percibí la mentira o la ocultación de la verdad que había en la afirmación: “Cuando digo hombre, la mujer está incluida” ¿Y por qué los hombres no se sienten incluidos cuando decimos: “Las mujeres están decididas a cambiar el mundo”? Ningún hombre se sentiría incluido en el discurso de ningún orador ni en el texto de ningún autor que dijera: “Las mujeres están decididas a cambiar el mundo.” Del mismo modo que se asombran (los hombres) cuando ante un público casi totalmente femenino, con dos o tres hombres, digo: “Todas ustedes deberían”, etc. Para los hombres presentes, o yo ignoro la sintaxis de la lengua portuguesa o estoy tratando de hacerles un chiste. Lo imposible es que se piensen incluidos en mi discurso. ¿Cómo explicar, a no ser ideológicamente, la regla según la cual si en una sala hay doscientas mujeres y un solo hombre debo decir: “Todos ellos son trabajadores y dedicados”? En verdad, éste no es un problema gramatical, sino ideológico."
Comienza el ciclo lectivo y a la hora de marcar las necesarias reglas de juego puede suceder que los docentes volvamos a caer en la re-edición del viejo y no tan querido "reglamento escolar".
Muchas veces, su implementación tiene un origen formal: las instituciones imponen normas para todos los sectores y nos vemos obligados a cumplirlas. Otras veces lo hacemos simplemente porque ya estamos acostumbrados, y vamos a lo más fácil y sencillo: aplicando algo de sentido común, enumeramos unas cuantas cosas que no se pueden hacer, algunas que sí, y asunto terminado.
El mítico sermón "Hay tabla" de Gaspar en "The Simpsons"
La gran pregunta es ¿cuántas chances tiene de ser respetado por los alumnos un reglamento impuesto de esa manera?. La respuesta es simple y conocida: muy pocas.
Lo más probable es que, desde el principio, sea absolutamente ignorado, rechazado y hasta odiado. Más aún si intentamos implementarlo en un contexto adolescente, en donde el significado de las normas muchas veces se reduce a "aquello que está para ser transgredido". ¿Y entonces? ¿Por qué continuamos haciendo siempre lo mismo?
¿Reglamento o Contrato?
El problema está en que si seguimos -como de costumbre- dictando reglamentos, lo más probable es que nunca sean respetados. Porque por más que expliquemos y justifiquemos sus razones, no dejarán de percibirse como una "imposición" hecha desde la "autoridad". Debemos comprender que estas normas sólo serán verdaderamente respetadas y acompañadas cuando adquieran un significado para nuestros alumnos. Se entiende así que, desde el punto de vista pedagógico, es mucho más valioso construir un contrato que dictar un reglamento.[1].
Bart Simpson y uno de sus tortuosos pizarrones...
“Homer’s Night Out” (1990)
Es probable que haya cuestiones que no permitirán ser negociadas y que necesariamente serán impuestas por la institución o el docente.
Pero existen otros aspectos relacionados con la convivencia que pueden y deben ser acordados. Porque esa es la mejor manera de lograr que todos sientan a la "norma" como propia, como algo que verdaderamente les pertenece y lograr así que todos la cuiden y la respeten. La construcción del contrato debe entonces formar parte de uno de los primeros aprendizajes del grupo al comienzo del año escolar. Es el primer acto pedagógico al comenzar un curso.
Nos ponemos de acuerdo
Como docentes uno de nuestros propósitos es lograr la mejor convivencia en el aula. Lo ideal será llevar adelante este proceso de construcción de normas dentro del grupo de una manera participativa.
Pero para eso siempre será fundamental nuestra intervención, aplicando nuestra experiencia y conocimiento sobre el contexto. Debemos saber anticipadamente cuáles son los puntos críticos que necesitan definirse y evitar que queden sin llegar a un acuerdo.
Además, sabemos que se educa mejor con el ejemplo, por lo que es imprescindible que formemos parte de manera activa, asumiendo explícitamente nuestros compromisos.
Una propuesta
En educación todo es artesanal: las recetas de aplicación directa no existen y las hasta las mejores ideas siempre requieren correcciones y adaptaciones. Es por eso que el siguiente contrato sólo pretende ser una propuesta surgida de la experiencia, compartida aquí para que cada uno tome y re-elabore libremente a su criterio.
Los invitamos a compartir sus opiniones y experiencias al respecto:
¿Cómo implementan sus acuerdos en el aula?
¿Es siempre posible construirlos colaborativamente?
¿Son respetados?
¿Les fue útil la información compartida en el blog? ¡Muchas gracias por dejar sus comentarios!
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[1] Para que queden en claro las diferencias, según la Real Academia Española:
Reglamento: Colección ordenada de reglas o preceptos, que por la autoridad competente se da para la ejecución de una ley o para el régimen de una corporación, una dependencia o un servicio.
Contrato: Pacto o convenio, oral o escrito, entre partes que se obligan sobre materia o cosa determinada, y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas.
Compartimos una sencilla ilustración que deja bien en claro algunos conceptos relacionados con las formas de abordar diversidad en nuestra sociedad.
Según sus autores, de Tomates Felices, "Últimamente se viene utilizando el término inclusión (antónimo de exclusión) diferenciado del de integración debido a las connotaciones negativa, por malas prácticas de pésimos profesionales, que se han asociado a centros y programas de integración que no cumplen los mínimos requisitos que se esperan de iniciativas de este tipo. Esto no quiere decir que todo el que trabaja o ha trabajado por la integración lo haya hecho mal, sino que algunos han contaminado ese término y ha sido necesario utilizar uno nuevo, con nuevas connotaciones y objetivos. Inspirados en otras imágenes que circulan por la red hemos creado esta descriptiva ilustración con un toque Tomates Felices"